
Como era de esperarse, este domingo tampoco vino mi familia a visitarme, sólo se encargaron de dejarme en este horrendo lugar, frío y solitario, encerrado como si estuviera preso, pero con la diferencia de que aquí podía salir solamente hasta el patio, en donde me rodea un interminable césped, tan verde y bien cortado que parece un paraíso.
En este asilo sólo hay viejos olvidados y totalmente marginados, y me atrevo a incluirme.
Hace ya dos meses que no veía a mis viejos amigos y lo único que me quedó era jugar una partida de ajedrez solo.
De repente mi “otro yo”, un amigo imaginario, enfrentados el uno con el otro, él con las piezas blancas y yo con las oscuras. Empezamos a jugar lo que pensé que iba a ser una partida interminable. El premio…una dentadura, la más hermosa y preciada, la que esperé por tantos años.
La partida empezó por él, quien hizo un solo movimiento y me dejó en jaque, mi rey estaba en peligro, no tenía escapatoria y, como era de esperarse, me ganó y gané el premio mayor, aquella bella sonrisa con la que se burló de mi, como el resto de mis familiares y todas las personas que se rieron de mi por tan largos años.
Nelson Gómez
En este asilo sólo hay viejos olvidados y totalmente marginados, y me atrevo a incluirme.
Hace ya dos meses que no veía a mis viejos amigos y lo único que me quedó era jugar una partida de ajedrez solo.
De repente mi “otro yo”, un amigo imaginario, enfrentados el uno con el otro, él con las piezas blancas y yo con las oscuras. Empezamos a jugar lo que pensé que iba a ser una partida interminable. El premio…una dentadura, la más hermosa y preciada, la que esperé por tantos años.
La partida empezó por él, quien hizo un solo movimiento y me dejó en jaque, mi rey estaba en peligro, no tenía escapatoria y, como era de esperarse, me ganó y gané el premio mayor, aquella bella sonrisa con la que se burló de mi, como el resto de mis familiares y todas las personas que se rieron de mi por tan largos años.
Nelson Gómez
