sábado, 30 de mayo de 2009

El susto de la muerte- Carla Montez




Matías es un chico que, supuestamente tiene 18 años, pero en realidad murió hace siglos.


Un día a Matías- pero un día en su vida es diferente al resto de la gente- se le apareció el diablo y le ofreció todas las riquezas del mundo a cambio de su alma. Éste no le hizo caso a nada de lo escuchaba. El diablo se cansó y le dijo que si no le entregaba su alma la muerte vendría . Matías comenzó a reírse, y el diablo ,enojado porque se reía de él, logró que en segundos se apareciera la muerte.

La muerte al verlo empezó a llorar. El diablo, preocupado, le preguntó qué estaba pasando. Ella le confesó que Matías le daba miedo, porque ya lo había matado hace siglos y que era imposible que siguiera vivo.

El joven les contó toda la historia. Les dijo que él era un vampiro y que era imposible que le entregara el alma por que no tenía.

El diablo se retiró y la muerte quedó tan asustada que desapareció por un largo tiempo. Matías sigue viviendo en el mismo lugar y cada vez que recuerda ese día no puede aguantarse las ganas de reír.

sábado, 23 de mayo de 2009

Las Hapiñuñus - Carmen Gutiérrez


Las hapiñuñus son un grupo de monstruas con alas y una cola muy larga. Les tienen miedo al agua, es por eso que no se bañan. Son todas morochas. Les gusta mucho soplar fuego, para así atacar a las personas y sacarles los ojos y comérselos. Cada vez que comen diez ojos les crece un ojo en la cola. Salen apenas comienza a salir el sol.


Un día, una de las hapiñuñus salió a atrapar personas para sacarles los ojos y se encontró con un cazador que le disparó con su escopeta. Le dio justo en la cola en el lugar que tenía un ojo. Empezó a sangrar por un costado. La monstrua se sentía muy mal y se desmayó. Otra de las hapiñuñus la encontró, la levantó y la llevó a la cueva en la que estaban viviendo.

Mientras sus compañeras curaban a la que estaba herida, el cazador la seguía buscando. Las apiñuñus idearon un plan para el cazador. Pero la que estaba herida comenzó a vomitar y a despedir hasta por los ojos lo que había comido. Las otras se preocuparon.
Justo en ese momento, el cazador las encontró y les tiró agua hasta que se cayeron. Después, todas salieron corriendo muy asustadas y se fueron a otra cueva.
Desde ese momento permanecen allí y no quieren salir a ninguna parte por lo que les pasó. Ya no quieren asustar a la gente ni sacarles los ojos para comérselos. Se quedaron allí para siempre.

sábado, 16 de mayo de 2009

HAPIÑUÑU. Celeste Moreira


Es un niño aborigen que mide un metro de alto, no crece más. Vive en una casa común y corriente con su mascota Ñuñus que es una iguana.Él anda descalzo porque no soporta ni puede utilizar calzado. Hapiñuñu tiene una gran ventaja, y está en su poder de escuchar. Escucha lo más mínimo por más lejos que esté.
Se alimenta de frutas, como las manzanas y las piñas. Pero no pue
de comer otras comidas ni otras frutas porque le produce pérdida y caída de cabello. Posee otra gran habilidad que es la de correr. Tiene una velocidad muy rápida.
Él va a todos lados c
on su iguana Ñuñus en su hombro izquierdo, y al parecer es ella la que le da las grandes habilidades. Hapiñuñu le tiene miedo a los perros y gatos. No puede estar cerca de ellos porque le da aprensión y asco.
Tiene que tomar mucho líquido,
jugo de naranja por ejemplo,
cuando llega el momento de usar una de sus habilidades. Es por ello que siempre lleva una botellita en el bolsillo derecho de su pantalón.
La última habilidad que posee es la de gritar y hablar fuerte y despacio. Cuando tiene que gritar, avisar o hablar fuerte a alguien, él lo hace muy bien. Tiene una voz muy potente. Pero cuando va a hablar despacio lo
hace muy bajito, tan bajito que nadie se da cuanta.

Aplastamiento de las gotas. Julio Cortázar




Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.


Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

jueves, 14 de mayo de 2009

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