
Las hapiñuñus son un grupo de monstruas con alas y una cola muy larga. Les tienen miedo al agua, es por eso que no se bañan. Son todas morochas. Les gusta mucho soplar fuego, para así atacar a las personas y sacarles los ojos y comérselos. Cada vez que comen diez ojos les crece un ojo en la cola. Salen apenas comienza a salir el sol.
Un día, una de las hapiñuñus salió a atrapar personas para sacarles los ojos y se encontró con un cazador que le disparó con su escopeta. Le dio justo en la cola en el lugar que tenía un ojo. Empezó a sangrar por un costado. La monstrua se sentía muy mal y se desmayó. Otra de las hapiñuñus la encontró, la levantó y la llevó a la cueva en la que estaban viviendo.
Mientras sus compañeras curaban a la que estaba herida, el cazador la seguía buscando. Las apiñuñus idearon un plan para el cazador. Pero la que estaba herida comenzó a vomitar y a despedir hasta por los ojos lo que había comido. Las otras se preocuparon.
Justo en ese momento, el cazador las encontró y les tiró agua hasta que se cayeron. Después, todas salieron corriendo muy asustadas y se fueron a otra cueva.
Desde ese momento permanecen allí y no quieren salir a ninguna parte por lo que les pasó. Ya no quieren asustar a la gente ni sacarles los ojos para comérselos. Se quedaron allí para siempre.
Justo en ese momento, el cazador las encontró y les tiró agua hasta que se cayeron. Después, todas salieron corriendo muy asustadas y se fueron a otra cueva.
Desde ese momento permanecen allí y no quieren salir a ninguna parte por lo que les pasó. Ya no quieren asustar a la gente ni sacarles los ojos para comérselos. Se quedaron allí para siempre.
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