
Era otoño. Me encontraba en el parque y me preparé para jugar al ajedrez. Yo estaba seguro de mi mismo y él me temía. En cada movimiento que yo hacía, su cara de inseguridad abría el paso a su derrota.
Ya a un movimiento de mi triunfo él me distrajo. De repente el sentido del juego cambió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario